Sin respuesta…
Lagrimas de oro, gotas de cristal,
gotas de silencio, lagrimas de sal…
-
Despilfarradoras manos de la suerte…
te dieron vida,
te dieron muerte,
te dieron alas, te hicieron mal…
-
Gotas de silencio, lagrimas de sal….
*
Y porqué los dados,
siempre desdichados,
cayeron al caos
por desportillados…
-
Porqué el destino,
en su desatino,
rompió las copas,
derramó el vino…
-
Porqué te preguntas,
dudas y barruntas…
Se llevó el viento
las horas consuntas…
*
Porqué te deshojas, árbol eternal…
Los muros gotean lagrimas de sal…
Espinada frente, filos de cristal…
*
Sonriente pases hasta al final
por los abisales signos del portal,
a coger la roja Rosa del rosal -
*
Lagrimas de sangre, gotas de cristal…
SOBRE LOS CAMINOS ERRANTES
DISCÍPULO: Mira, Maestro, en fin, en fin podemos divisar los muros… ¡Los muros de la ciudad sacra! Estamos tan cerca, al cabo de los tres meses en que estuvimos vagando por este pedregoso desierto… He olvidado ya la sed y el hambre… ¡Quisiera volar hasta la gran puerta!…
MAESTRO: Cállate, amigo. Tenemos que parar para un breve rato.
DISCÍPULO: ¿Qué pasa, Maestro? ¿Estás bien? O, quizás, quieres arrodillar para la última oración, antes de partir… Sí, sí, excusa mi ímpetu, maestro, tienes razón, vamos a rezar enseguida…
MAESTRO: Levántate, caro mío. No se trata de eso. No tenemos tiempo para rezar.
DISCÍPULO: ¿Entonces…? Entonces ¡adelante, maestro! Sacudimos el polvo de nuestras sandalias y… al cabo de tres horas alcanzaremos nuestra meta. Mira, maestro, el camino es bueno, adoquinado… y en su última porción hay datileras y palmeras que protegen a los caminantes cansados con sus sombras acogedoras…
MAESTRO: Hijo mío, escúchame. Vino el día en que te enseñase la última lección. Tengo que pedirte algo.
DISCÍPULO: Sí, Maestro… Dímelo.
MAESTRO: ¿Ves este camino lateral, que está partiendo desde aquí y continua serpenteando por entre los médanos, para perderse al fin al horizonte? Te pido que vengas conmigo para una larga jornada, siguiendo este camino.
DISCÍPULO: … ¿Una nueva jornada?… Pero… dijiste que la ciudad sacra fue nuestra meta… ¡Ay, Maestro, estamos tan cerca! Mira la maravilla que se alza ante nuestros ojos y este recto camino, este recto largo y generoso camino que nos conduce directamente a las puertas… Puedo divisar a los atalayas que abren las puertas y nos llaman… Me pides renunciar, abatirme de mi sueño, de mi camino… No lo puedo entender, Maestro… Quizás… el sol, el hambre, el cansancio…
MAESTRO: No, no, caro mío, estoy muy bien y mi mente está más clara que nunca. Escuchame atentamente: el camino recto es el camino de ” lo sé”, de “lo quiero” y de “lo necesito”. Es un buen camino. Pero hay también otros caminos. Los caminos errantes… Los caminos de “no lo sé”, de “no lo necesito” y de “no lo quiero”. Los caminos de los amplios rodeos, de las vueltas y de los recodos infinitos. Ven conmigo. Si no, quédate aquí, en esta hermosa ciudad que te haya prometido al partir por nuestro camino. Ésta es mi última lección. Tú puedes elegir…
DISCÍPULO: Y… ¿adónde van aquellos caminos, Maestro?…
MAESTRO: ¿Quién sepa?… Al cabo del mundo o, quizás, al cabo de nuestros límites. Te pusiste triste, hijo mío… Lo siento…
DISCÍPULO: …
MAESTRO: Mira, querido discípulo mío, cuando era joven, mi maestro me enseñó lo mismo… Aquí, junto a esta misma piedra.
DISCÍPULO: Y tú, ¿que hiciste?
MAESTRO: Lloré con lagrimas amargas. Lo demás… por supuesto, lo entiendes. ¡Eh, mi viejo maestro!… Pasó toda su vida caminando… especialmente en los caminos errantes. Está viviendo todavía. Lo raro es que llevé tanto tiempo sin pensar en él…
DISCÍPULO: Y ¿cómo está tu maestro, Maestro? ¿Está feliz, está rico, vive rodeado por su numerosa familia?
MAESTRO: No… Está anciano y solo…
DISCÍPULO: ¿Está caminando todavía?
MAESTRO: No. Llegó a ser el más sabio de los hombres. Pasa sus días en silencio, bajo la sombra de una datilera; ahora todos los caminos retornan a él.
DISCÍPULO: Maestro, los caminos… La nueva jornada… No sé… la noche, la ciudadela, los mágicos cantares que envuelven mis oídos, los perfumes de las mujeres, las aromas de las sabrosas comidas… Soy joven, Maestro… deseo tantas cosas… ¡Vamos a anochecer en la ciudad! Y mañana…
MAESTRO: Lo siento, amigo, aquella mañana será una otra mañana. La decisión tienes que tomarla aquí, esta noche. Mañana por la mañana yo voy a partir por el nuevo camino… Lo siento… Ahora… Estoy cansado. Estoy viejo y cansado, hijo mío. Buenas noches.
DISCÍPULO: Buenas noches, Maestro…
……………………………………………………………………………………………………………………….
DISCÍPULO: Esta piedra será mi cama esta noche… Salió la luna, aclarando los senderos de mi corazón… ¿Cuyos son estas lágrimas? Los muros, los cantares… los caminos… Ésta noche… Mañana…
Diferéncia
Mi palma sobre tu palma:
¡Qué diferéncia!…
¡Se te queda tanto espacio, tanta vida más!
¡No puedo apoderarme de ti!
SOBRE REYES, JARDINES Y SABIOS
Él: Los reyes construyen castillos. Los sabios cultivan jardines.
Ella: Había reyes sabios, que hicieron tanto castillos como jardines. Yo prefiero los jardines.
Él: ¿Y desprecias los castillos?…
Ella: No, no, pero… Mira: un castillo es como… una mandala. Una mandala de piedra.
Él: Sí, un producto de la razón. Una mandala algo rígida y arrogante. El jardín es también una mandala, pero una mandala viva – la razón humana ordenando lo irracional de la naturaleza.
Ella: …El rey Alfonso y la Fermosa, Raquel… Me gusta la leyenda… Él le había regalado un palacio y un jardín. Un jardín secreto. No creo que a la Fermosa le habría gustado sólo el palacio. Se habría muerto de tristeza…
Él: Tampoco sólo el jardín… ja, ja.
Ella: ¡Ay, no me corrompas el cuento!… No, no le habría gustado sólo el jardín porque… un jardín que no pertenece a un castillo, a una casa, a un edificio cualquiera es… ¡un parque! ¡Es para todos!
Él: Y ¿qué es malo en eso?
Ella: Ay, me estás enojando… Dejemos a los reyes. Volvamos a los sabios…
Él: Pues los sabios… ¡lo saben! Por eso aman los jardines.
Ella: ¿Por qué necesitan jardines para saber? Para saber… lo que saben.
Él: Un jardín es una isla. Todo está corriendo, alrededor. En el jardín todo va despacio. Eso es. ¿Entiendes?
Ella: Creo que sí… No puedes apresurar las flores a florecer. La experiencia de lo despacio, de la lentitud, del descanso. Ponerte en armonía con eso.
Él: Por supuesto. Poner la armonía de las flores en ti y tu armonía en las flores. Razón y corazón.
Ella: Entonces, ¿cuál debe ser el sentido último de un jardín?
Él: Querida mía, todos los jardines son regalos, regalos de amor. Para uno o para muchos. Los jardines rodeados de muros son regalos secretos, para amores secretos. Los jardines públicos son regalos para todos.
Ella: De veras. Para cultivar un jardín, tienes que regalar tiempo, sabiduría y amor…
Él: Los reyes regalan castillos. Yo solo puedo regalarte esta rosa…
Ella: Tú eres un sabio, mi amor…
El ocaso de los libros
Anteayer, cometí una villanía, un crimen:
eché unos libros.
Porque eran viejos y feos;
porque los habíamos leído tanto,
que se habían roto, se habían puesto inválidos
y ahora no podían regalarnos nada más;
porque unos de éstos, decimos, eran idiotas congénitos
y tomaban el espacio vital de otros libros más sanos;
porque nadie recordaba quien los había comprado y porqué.
-
Anteayer fue el holocausto de los libros:
llené un gran basurero con aquellos libros
y los di la indigna muerte de arder
en el vientre infernal del camión de basura.
-
Ayer, fue el turno de otros viejos libros
(unos dos cientos, desamparados,
como gente de cuenta empobrecida)
para ser expulsados de sus estantes
y estar obligados a seguir
el camino sin vuelta de los desterrados.
-
Cada dos semanas, mi papá sacaba de su mágica maleta
una pila de libros nuevos que había comprado.
El ritual dictaba de colocarlos en el medio de la mesa
y después tomarlos uno a uno, acariciar las cubiertas, hojear las páginas
y decir palabras admirativas en cuanto al autor o a la obra.
Nosotros, los niños, corríamos, subíamos en las sillas
para ver, olfatear, tocar Los Libros.
El encuentro con los libros tenía el significado de una revelación.
-
Tal como Borges, me imaginaba el paraíso
como una infinita biblioteca.
Tuvimos el orgullo de crear nuestro imperio de libros,
unos tres mil libros,
reunidos por el esfuerzo de tres generaciones
- hombres más bien pobres que ricos, amantes de la literatura.
Una fortaleza de libros, un arca
para atravesar el diluvio de los tiempos,
o mejor dicho, una Torre de Babel,
en la cual nos atrevíamos a hacer frente a la eternidad.
Nuestro padre solía decir, sentenciosamente, en sus últimos años:
”No voy a dejaros otras cosas tras morir, sino esta biblioteca,
que es un real tesoro, porque estos libros valen muchísimo.”
Ahora estos libros no valen más.
-
Ayer hice una nueva tría y eché muchos libros expirados,
literatura comunista y socialista,
– escritores mas o menos ingenuos
que escribieron como requerían los tiempos;
algunos de ellos, ilustres tres decenios atrás,
ya no significan nada; los manuales escolares los han olvidado;
guardé a los más conocidos y eché a los impostores.
No a todos; a unos de ellos amé durante mi adolescencia.
-
La municipalidad colocó al cabo de mi calle
unos contenedores ecológicos para papel, vidrio y metal.
Al anochecer, mis vecinos trajeron libros
y los echaron a la basura.
No los pueden vender, nadie los compra…
materiales reciclables…
Tanto mas oscura se ponía la calle, tanto mas
aumentaba el número de los
que habían decidido a traicionar
y a sacrificar a sus viejos amigos
bajo el pretexto de los cambios de la vida moderna.
Yo hice lo mismo. Por la noche.
Hoy… mañana… otra selección…
-
Imagino a los ángeles de los libros muertos
volando por encima de este masacre,
preparando, desde la altura impasible del cielo,
otra selección, inevitable,
en que no llorarán los libros.
Capítulo cerrado
Sus ojos marinos, sus oblongos
párpados – conchas anacaradas -
apenas movían, entreabiertas.
Sus blancos dedos rascaban las piedras
erosionadas
por el rítmico rugido del mar.
-
Apretaba desesperadamente
entre sus brazos
un tronco pudrido
que le había traído hasta aquí
a lo largo del suspiro
en su malaventurada jornada
que le había abandonado al fin
a mis lejanas orillas.
-
Toda la noche oí su respiración
entrecortada.
Sentí sus labios arañados
en la áspera, negra madera,
suplicando una esperanza.
Ví su fosfóreo torso encallado,
agonizando solo
entre dos mundos.
-
Había cerrado firme la puerta
de mi cabaña.
Había tapado con mis puños
mis enloquecidos oídos.
- mis ojos cerrados, enmudecida la boca -
y me había quedado en la tiniebla,
en el más oscuro rincón
implorando la noche pasar
y lavar mis tormentos.
-
Se murió
el próximo día
en la costa, en la arena fría.
Las aguas lo balancearon un poco
- su cuerpo suave y blanco -
hasta que lo elevaron y
lo llevaron con ellas
al largo del místico mar,
al cual siempre le había pertenecido.
-
Un flujo de etérea
luz auroral
permaneció unos cuantos días
en la orilla,
una deslumbrante
niebla de felicidad
se precipitó en gotas finas
de áureas fragrancias
sobre la playa desierta,
escurriéndose después en silencio,
absortas
por los granos de la arena.
-
Al final fué el turno del viento
para volver
las últimás hojas
de esta dolorida historia.
Poema sin poesía
no quiero pretender más
estar feliz contigo,
que no lo estoy.
-
Mi corazón…
ya no tengo más corazón,
soy una títere de cartón,
sin risa y sin lágrimas,
que fracasó
enredada en sus propios hilos.
No quiero actuar más
en esta triste comedia,
quiero…
-
Yo quiero
salvar mi planeta,
como una deplorable Miss Universo
de mi mundo,
yo quiero llevar
mi deplorable diadema
de diamantes – reales o falsos -
en mi frente.
yo quiero salvar mis ballenas,
clamar la paz universal
de mi mundo,
echar mis espléndidas rosas
y recibir mis delirantes aplausos.
Quiero reír en lágrimas,
desatar mis sentimientos,
vivir mis momentos de éxtasis,
de emoción y de gloria,
dar sentido a mi única vida,
dar precio a mis caros latidos,
quiero
dar promesas y recibir esperanzas,
dar lo mejor y recibir lo mejor,
no temo los inevitables tropiezos,
no temo el ridículo.
-
Quiero
lo que todas las mujeres lo quieren,
quiero ser la Reina de mi vida.
De hecho.
-
Es la pura verdad.
No te quiero más.
No quiero poetizar más.
Vínculos, raíces, ramas…
Vínculos, raíces, ramas -
nuestra sangre roja savia
verde alma que encierre
un secreto que agravia
*
manos yedras, dedos yemas
persignándose inclinan
lagrimosas sus pestañas
a las luces que declinan
*
las murallas escudos
pensamientos arboledas
los senderos que se pierden
en murmullos de sedas
*
hojas, séquitos, vestidos
invitados al castillo
dibujando reverencias
al ocaso amarillo
*
estos pájaros soñando
abrazados en su nido…
estas hadas clausuradas
en los cofres del olvido…
*
Vínculos, raíces, ramas
las historias dormidas
enterradas en el suelo
de las cáscaras pudridas…
*
improvisa primavera
nuevos vástagos alzados
de los restos de los troncos
fatalmente derrumbados…
*
Quién pudiera penetrarse
de las hermanales zumbas
entre alas, hombres, piedras
y las hierbas en las tumbas…
***
Cuando…
Cuando tú no llevabas gafas -
yo tampoco -
el amor era mas fresco y mas loco,
el día – mas claro, mas azul…
Everything was “cool”…
-
Cuando tus cabellos eran largos -
también los míos -
tus besos eran mas amargos
y sin líos…
El magnetófono rodaba
al infinito su cinta,
mis dedos tenían manchas de tinta…
Tus palabras dibujaban arcos,
gotas de gasolina en los charcos.
Mis ojos fotografiaban las calles y El Café -
brindábamos solo con tazas de té.
Tu madre llamaba a la puerta cerrada:
el té – enfriado, la cama callada.
Rellena de sueños la papelera…
La luna – clavada en la acera…
-
Cuando tú y yo,
Cuando tú…
“Love you”
“I love you too”…
-
Cuando éramos jóvenes…
Cuando…
Los dioses bajaban a nuestro cuarto bailando
en ritmos de blues y de rock’n roll …
-
Ahora es tarde…
I´m sorry… That´s all…
Orquídeas
Orquídeas – flores altivas y puras -
Yo no conocí su exótica llama,
Sino su perfecta nobleza helada,
Su pío rubor, su virgínea fama.
-
Orquídeas – guirnaldas, figuras de cera,
Inertes corolas de mármol, rosadas
O blancas, de nieve y luz mariposas
Del vuelo suave en ramos paradas;
-
Que sus coronadas cabezas inclinan
Quedándose siempre serenas y calmas,
Nunca moviendo sus gráciles tallos,
Nunca turbando sus etéreas almas.
-
“Guardáis calladas mi alta ventana,
Vigilante umbral entre mí y el mundo,
Para que no me hiera el ruido ajeno,
Que no me trastorne su ritmo fecundo.
-
Os amo y con mi amor prisionero
Espero paciente cada flor, cada hoja,
Animándome al ver la belleza brotando,
Deplorando el afán que en vos se afloja”.













